Ignominia
Ignominiosa, vergonzosa, irresponsable, indigna, vil, indecente, carente de todo sentido común y atentatoria a las más mínimas normas de la convivencia pacífica, es la política que el Partido Popular (PP) ―con la interesada ayuda de El Mundo, la Asociación Víctimas del Terrorismo (AVT) y otras entidades de igual dudosa trayectoria― está llevando a cabo con motivo del atentado del 11 de marzo de 2004 en Madrid y la política antiterrorista del Gobierno. Que ETA nada tuvo que ver con la masacre lo sabe el PP tan bien como la AVT, la COPE y El Mundo. Aun así, se inventan una teoría conspiratoria entre ETA y los terroristas islámicos que sólo los imbéciles (imbécil: “alelado, poco inteligente”, Diccionario de la RAE) pueden creer y únicamente los sinvergüenzas (sinvergüenza: “el que incurre en inmoralidades o faltas de ética”, RAE) pueden sostener. Asimismo, que la prisión atenuada a De Juana Chaos no supone conmutar la pena por ningún delito de sangre, sino de opinión, lo saben igualmente. Y no dudan en falsear, de forma cínica e hipócrita, una situación tan grave como ésta, pues saben muy bien que la sensibilidad de muchos españoles está a flor de piel con el dichoso tema del terrorismo. Les da igual: a río revuelto, ganancia de pescadores.
A pesar de ello, puedo entender la actitud de los convocantes: se trata de llegar a conseguir el poder como sea, aunque ello suponga una fractura social sólo comparable a la que se dio en tiempos inmediatos a la Guerra Civil. Claro que también puedo entender el porqué del nazismo y sus barbaridades o la conducta de los sicópatas. Es decir, puedo ver qué motivos hay detrás de unos hechos, cuáles son las razones últimas que explican ―no que justifican― determinadas conductas o situaciones. Y puedo, por tanto, formarme una opinión desde la que criticar y reprobar acciones y conductas. Puedo entender de igual modo que esa política de tierra quemada sea seguida por aquellos que verían con buenos ojos la llegada de la derecha al poder. Muchos apoyaron en julio de 1936 la sublevación militar porque estaban convencidos de que era lo mejor para España. Muchos creen ahora que el PP es la solución más adecuada para este país y que hay que alcanzar el poder a toda costa.
Puedo entender todo esto, pero lo que ya me resulta más difícil es la actitud de miles de personas que acuden a los eventos que montan estos nuevos guerrilleros de la nada. Es decir, aquellos que de buena fe creen todas esas patrañas de conspiraciones, pactos con ETA y demás. ¿Cómo es posible que el barómetro de enero del Centro de Investigaciones Sociológicas refleje que nada menos que el 44,9 % de los españoles crean que el principal problema que existe actualmente en España es el terrorismo de ETA, por delante de la inmigración, el paro o la vivienda? ¿De verdad alguien puede sostener que el Estado se resquebraja porque se le concede la prisión atenuada a De Juana Chaos? ¿Que “el Gobierno se ha dejado coaccionar por un asesino y ha cedido” (Rajoy)? Me cuesta entenderlo. Pero, en fin, como dijera Einstein, “hay dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana”.
