Fallas: variedad, participación y buen gusto
A poco más de una semana de las Fallas, los que vivimos en Valencia llevamos ya varios días soportando numerosos inconvenientes derivados de la forma que se tiene de entender la fiesta. Ya son muchas las calles cortadas al tráfico desde el pasado fin de semana: los falleros colocan barracones en ellas y las fallas más grandes empiezan los preparativos de la plantà. El exceso de iluminación con que algunas comisiones adornan las calles causa serias molestias: nada menos que 750.000 bombillas han colocado los falleros en el barrio de Russafa, lo que ha generado las protestas, caceroladas incluidas, de los vecinos. Los ruidos a deshoras ocasionados por el abuso de la pólvora a que tan aficionados son en este pueblo (al abuso) son habituales estos fines de semana, pero a partir de la próxima serán algo cotidiano desde que a las 8 de la mañana unos cuantos falleros adultos y niños (muchos más estos últimos) comienzan el acto de la despertà: recorren diariamente las calles tirando petardos y despertando a todos. De este modo, una ciudad de 800.000 habitantes es tomada al asalto por poco más de 60.000 falleros (adultos) con el beneplácito de las autoridades locales (eso sí es populismo y no lo de Chávez). No es de extrañar, pues, que cada año aumente el número de valencianos que huyan de la ciudad esos días. Aun así, lógicamente son más los que no tienen otra alternativa que quedarse. A ellos les esperan días de fiesta como el que sigue.
A las 8 de la mañana te despiertan con petardos. Son unos minutos. Luego, los falleros marchan a desayunar, se acabó el acto. Tú decides irte a dar una vuelta, a ver los monumentos falleros del barrio. ¿No son los mismos del año pasado, o del anterior?, piensas. Siguen predominando las gordas tetudas medio desnudas y las sátiras soeces a los políticos (a los de izquierda, generalmente; las soeces). No, claro, aquellos los quemaron. Lees los carteles explicativos de qué va la falla. Los que están escritos en valenciano hieren inmediatamente la vista: pocas palabras aparecen escritas sin faltas de ortografía. Pero ¡qué más da!, son en valenciano. Ya se sabe que el mundo fallero es un gran defensor de nuestros intereses y, como quiera que a las autoridades locales se la trae al pairo el valenciano, éste hay que escribirlo así, ¡que cojones!, a ver si se van a pensar que hablamos catalán. Decides irte al centro y ver las fallas que habitualmente ganan los premios importantes, aunque en los últimos años la que consigue los mayores galardones es la de Nou Campanar, algo alejada del centro, pero en la que un constructor invierte algo así como 600.000 euros sólo en iluminación (ya sabemos que son unas fiestas de lo más populares). Por el camino te detienes en una de tantas churrerías que se instalan en la calle para probar unos tradicionales buñuelos. Acabas oliendo a aceite requeterefrito y con cierta acidez de estómago. Ves las fallas grandes y a las 14 horas asistes a la mascletà. Tienes menos de dos horas para comer, pues a las 16 empieza la Ofrenda de flores a la Mare de Déu dels Desemparats (para la mayoría de los falleros, Virgen de los Desamparados). No quieres perderte detalle, tal es la variedad de trajes, peinados, adornos, música... que caracteriza el desfile. Pero si te aburres no te preocupes: en el antiguo cauce del río Túria puedes contemplar una exhibición aerostática. Y a la 1 de la madrugada hay un castillo de fuegos artificiales. Luego a casa, que al día siguiente, a las 8 de la mañana, te despertarán los petardos otra vez. Al día siguiente el programa de actos se incrementa con propuestas tan sugerentes como un homenaje al poeta Maximiliano Thous y otro al maestro Serrano (autor del himno regional). Por fin, el día 19, llega la cremà de las fallas, y tú que te has ido a ver cómo queman la que te ha parecido más espectacular de todas te llevas la decepción de que van pasando las horas y aquello no arde. Hasta que te das cuenta de la confusión: era la falla permanente que el arquitecto-fallero Santiago Calatrava ha instalado con el nombre de Ciutat de les Arts i les Ciències.
