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La Coctelera

Cuaderno de campo. Manuel Cerdà

1 Marzo 2007

Internacional Situacionista: 50 años

Se cumplen 50 años de la fundación de la Internacional Situacionista (IS), organización cultural revolucionaria que abogaba por la fusión de lo político y lo artístico, de la vida y el arte, como condición para superar las estructuras opresivas del capitalismo que impiden el desarrollo libre de nuestra personalidad y nuestro comportamiento.

Para la IS, en la nueva sociedad del Estado de bienestar, la vida ha quedado reducida a una mera representación. El capitalismo en su fase espectacular ha convertido en representación todo lo vivido (Debord) y las condiciones que éste necesita para seguir desarrollándose impiden la realización de una vida plena y unificada. “Vivimos una crisis esencial de la historia, en la cual cada año se ve más claramente el problema de la dominación racional de las nuevas fuerzas productivas y la formación de una civilización a escala mundial”, diría Debord en 1957 en el que se considera el documento fundacional de la IS (“Informe sobre la construcción de situaciones y sobre las condiciones de la organización y la acción de la tendencia situacionista internacional”). Por ello, continúa el pensador francés, “nuestra idea central es la construcción de situaciones, es decir, la construcción concreta de ambientes momentáneos de la vida y su transformación en una calidad pasional superior. Tenemos que poner a punto una intervención ordenada sobre los factores complejos de dos grandes componentes en perpetua interacción: el marco material de la vida; los comportamientos que entraña y que lo desordenan”. La tesis central, por tanto, de que parte la IS es que la falsedad caracteriza la sociedad de consumo y convierte a la vida en mero espectáculo, en simple apariencia. Ante la falsa realidad del espectáculo reivindican el valor de la propia vida y la toma de las propias decisiones. Hay que crear situaciones nuevas que subviertan el orden establecido, que acaben con la fragmentación y la separación en esferas de la vida. Todo ello es desarrollado teóricamente en torno a tres aspectos principales: el urbanismo, el arte y la vida.

El urbanismo de posguerra se caracterizaba, a juicio de la IS, por un funcionalismo que ahogaba las capacidades creativas de las personas ―caso de las urbanizaciones autocráticas construidas en la banlieu de París y otras ciudades― al crear espacios enajenados de la vida cotidiana y separar ésta del trabajo y del entorno. Transformar el medio urbano y fomentar su libre uso es tarea indispensable para poder gozar de una vida cotidiana plena. Se impone, pues, un urbanismo unitario alternativo en oposición a los ideales productivistas y utilitaristas que representaba el urbanismo de posguerra (y que siguen caracterizando el urbanismo de hoy).

Solamente en el marco de este urbanismo unitario puede realizarse una vida plena, sólo en condiciones alejadas del consumismo, la especialización y la separación es posible la satisfacción de nuestros deseos mediante la construcción de situaciones. Puesto que todo lo “vivido directamente se aparta en una representación” y “el espectáculo en general, como inversión concreta de la vida, es el movimiento autónomo de lo no-vivientes” (Debord: La sociedad del espectáculo), el tiempo de ocio no puede ser —sí en la nueva sociedad— más que una parte más de la separación de la vida, la otra cara (amable) de la división del trabajo, pero igual de alienante que el resto de condiciones que nos impone el capitalismo. “No queremos un mundo donde la garantía de no morir de hambre se compense con la garantía de morir de aburrimiento”.

La explotación, pues, no alcanza únicamente el tiempo de trabajo, también el dedicado al ocio. Por ello, retomando las tesis anarquistas, el situacionismo considera que el arte reside, más que en las obras, en las experiencias, no las de unos hombres especiales (artistas o genios) sino las de cualquier persona. El arte es, en consecuencia, una parte más de la sociedad espectacular, que hay que superar en tanto que se trata de un aspecto más de la separación a que estamos sometidos. Si la obra de arte no se confunde con la vida no es más que espectáculo. La sociedad del espectáculo se nos muestra como una forma de libertad, la de poder disfrutar de nuestro tiempo “libre”, pero en realidad es la forma última de alineación. Disfrutamos en y con aquello de lo que únicamente somos espectadores pasivos. Nos engañamos creyendo que somos libres, aunque sea por unas horas.

Aunque la IS se autodisolvió en 1972, su lúcido análisis de la sociedad nacida del Estado de bienestar sigue siendo vigente. La sociedad es hoy más espectacular que nunca. Vivimos de imágenes más que de realidades, separamos nuestras vidas en esferas cada vez más alejadas entre sí. ¿Fracasó, pues, la IS? Puede que sí. Su protagonismo en Mayo del 68 muestra la adecuación de sus propuestas a los intereses de aquellos que habían dejado de confiar en un Estado benefactor que tenía como último objetivo la perpetuación del orden vigente. Consignas como “prohibido prohibir”, “sé realista, pide lo imposible”, “la imaginación la poder”, “la acción no debe ser una reacción, sino una creación”, se han convertido en eslóganes de camisetas y otros productos. Han acabado, pues, separadas del motivo por las que se crearon. Pura imagen, puro espectáculo. Los situacionistas es posible que confiaran demasiado en el ser humano y se olvidaran de que en la base de todo lo que, con criterio y justicia, criticaban está el propio sistema, las relaciones de producción capitalista. Sin embargo, ello no es óbice para que ahora, cuando se cumplen cincuenta años de aquella llamada a la libertad, sus tesis no caigan en el olvido y sean tenidas en cuenta por aquellos que todavía creemos que otro mundo es posible.

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Historiador. Ha dirigido el Servicio de Publicaciones de la Diputación de València y el Centre d’Estudis d’Història Local. En la actualidad es técnico del Servei d’Investigacions Etnològiques y de les Cultures Tradicionals de la Diputación de València y profesor del Departamento de Historia del Arte de la Universitat de València. Ha publicado, entre otras, las obras "Lucha de clases e industrialización", "Els moviments socials al País Valencià" e "Historia fotográfica del socialismo español", y ha dirigido las obras "Historia del pueblo valenciano", "Diccionario Històrico de la Comunidad Valenciana", "52 fines de semana. Rincones de la Comunidad Valenciana" y "Gran Enciclopedia de la Comunidad Valenciana". Especialista en arqueología industrial, es autor de "Arqueología industrial de Alcoi" y "Enciclopedia Valenciana de Arqueología Industrial", además de otras obras de carácter colectivo. Ha dirigido diversas prospecciones y excavaciones arqueológico-industriales y ha sido miembro fundador y presidente de la Associació Valenciana d’Arquelogia Industrial.

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