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La Coctelera

Cuaderno de campo. Manuel Cerdà

23 Marzo 2007

Valencia está de moda

Valencia está de moda, se nos dice, especialmente desde la Administración local y autonómica. Incluso la alcaldesa no se cansa de repetirlo. Está de moda y el flujo de turistas es cada vez mayor. Supongo que con ello quieren expresar que es una ciudad dinámica y moderna, a la altura de las grandes capitales occidentales. No sé yo si son conscientes de que cuando se afirma que algo está de moda se está haciendo referencia a un hecho pasajero. La minifalda estuvo de moda en su tiempo, y el pelo largo, y las muñecas peponas..., pero ya no. Y están de moda las drogas de diseño, los reality shows o los metrosexuales, pero dejarán de estarlo. Estar de moda es, pues, una circunstancia, algo accidental. Se está de moda y se deja de estarlo. Como ha sucedido a lo largo de la historia con los estilos artísticos, si se quiere un ejemplo menos anecdótico.

Imagino que se quiere transmitir que se están haciendo muchas cosas para que Valencia cada día sea más conocida mundialmente. Así, los turistas vendrán en tropel, las inversiones serán de tal calibre que ya no sabremos qué hacer con ellas, nadaremos en la abundancia y el dinero lloverá a espuertas, cual maná caído del cielo. Se vende la imagen de una Valencia nueva, floreciente, pujante, y para ello se alude a “una serie de llamativas infraestructuras como la ciudad de las Artes y las Ciencias y el Museo Príncipe Felipe” (Web Oficial de Turismo de la Comunidad Valenciana) y a eventos como la Copa del América. Puede que incluso se esté vendiendo bien ―otra cosa es a qué precio― y que Valencia esté, efectivamente, de moda. Pero, si es así, ¿hasta cuándo?, ¿hay un modelo de ciudad que permita pensar en una continuada afluencia de turistas ―“clave para un futuro de bienestar y prosperidad” (F. Camps)― pasada la moda de los proyectos megalómanos en que se basa fundamentalmente la oferta valenciana?, ¿qué pasará cuando otras ciudades ofrezcan nuevas construcciones faraónicas, más a la moda del momento? Las ciudades no son parques temáticos que tengan que competir por ver quien ofrece la atracción más novedosa.

Las grandes ciudades turísticas occidentales ciertamente tienen monumentos emblemáticos que las distinguen y las identifican. ¿Pero es por ellos por los que decidimos viajar a éstas? ¿Alguien va adrede a París para ver solamente la Torre Eiffel, a Londres para contemplar el Big Ben, a Roma para visitar el Coliseo o a Nueva York para subir a la Estatua de la Libertad? Son valores añadidos, que todos visitamos cuando vamos, pero lo que realmente nos acaba seduciendo es la ciudad en su conjunto. Y, así, hablamos del gusto que da pasear por ellas y contemplar su urbanismo. Y conocemos sus principales barrios: Montmartre o el Barrio Latino en París, el Trastevere o Campo dei Fiore en Roma, Covent Garden o el Soho en Londres, Little Italy o Chinatown en Nueva York. En cambio, Valencia es Valencia. Ella sola. Una. Grande y libre, por supuesto. Mientras que las grandes ciudades citadas han sabido conservar su identidad, aquí se ha perdido para siempre. Se destruyó la huerta, la singularidad de barrios como Campanar con sus hermosas alquerías, Velluters se asemeja a un barrio de Bagdad, el Carmen es un gran centro nocturno de ocio, el Cabanyal tiene los días contados... ¿Qué distingue a Valencia: el Palau de les Arts, el Oceanogràfic, el remodelado puerto? Little Italy estaba poblado por italianos y hoy es un agradable lugar donde proliferan tiendas y restaurantes de cocina italiana. ¿No podría ser El Cabanyal algo parecido si sustituimos “italianos” por “pescadores” y “cocina italiana” por “cocina marinera”?
A mediados del siglo XIX el barón Haussmann diseñó un plan urbanístico en París que supuso la demolición de gran parte de la ciudad antigua, consolidándose la capital francesa como el paradigma de ciudad burguesa por excelencia. Aquí, ahora, nuestros administradores, creyéndose unos nuevos Haussmann, van destruyendo sistemáticamente todo aquello que constituía la excepcionalidad valenciana. Puede que, al igual que sucedió en París, nazca una ciudad nueva. Pero ¿modelo de qué?, ¿de la especulación urbanística?, ¿de la megalomanía desenfrenada?. ¿Esos serán los atractivos que exhibiremos en un futuro? ¿Quién vendrá entonces a vernos? ¿Seguirá Valencia estando de moda?

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20 Marzo 2007

Razones y opiniones

El programa Eva Hache (Cuatro) tiene una sección titulada “No sabe / Sí contesta”. Ayer (19 de marzo) preguntaban sobre la anexión de Navarra a Euskadi. Al parecer es sólo cuestión de tiempo, lo más probable de poco tiempo. Hasta que la izquierda abertzale, o ETA, lo quieran. Llegado ese momento, el Gobierno no dudará una vez más en traicionar a los españoles que en su día votaron a la izquierda. No es de extrañar, pues al fin y al cabo ya votaron engañados en 2004. Los rufianes y los izquierdistas españoles, aprovechando el caos que ocasionaron los atentados del 11 de marzo, cercaron las sedes del Partido Popular de manera ilegal y, de forma demagógica y con esa manipulación de que sólo la izquierda hace gala, no cejaron en el intento de sacar provecho de la tajada y dar un vuelco a las elecciones. Así de rastreros fueron y así de rastreros continúan, desmembrando España, negociando con asesinos, cediendo a todo tipo de chantajes, con el único fin de mantenerse en el poder. Más o menos estos eran los argumentos que los encuestados esgrimían para sostener la, en su opinión, inmediata incorporación de Navarra a Euskadi. No sé, igual ya ha sucedido y yo no me he enterado. Igual esta noche Otegi ha llamado a Zapatero y se lo ha pedido, y naturalmente, éste ha accedido. La reportera preguntó a algunos de los entrevistados que de dónde sacaban tales conclusiones. El Mundo y la COPE eran sus fuentes, dijeron.

Nunca en toda la historia de la humanidad los canales transmisores de información han sido tantos y tan diversos. Nunca los seres humanos hemos tenido tantas posibilidades para hacernos con argumentos, con razones, que nos expliquen la realidad en que vivimos. Jamás hemos disfrutado de tantas posibilidades para formarnos juicios sobre lo que sucede basados en la reflexión y no en el presentimiento. En cambio, parece que estamos en la sociedad de la desinformación.. Defendemos ideas políticas como defendemos los colores de nuestro equipo de fútbol. Opinamos sobre lo que sucede con argumentos como “me lo han dicho”, “lo he oído” o “lo he visto en la tele”. “Es mi opinión”, decimos cuando alguien expresa algo con lo que no estamos de acuerdo, por todo argumento. ¿Acaso mi opinión no vale tanto como la tuya? La política y la cultura alcanzan así su más alto grado de banalidad. Las razones son secundarias, lo que importa son las opiniones, todas iguales, todas respetables. Pero cuando vamos al médico y nos diagnostica alguna enfermedad lo primero que hacemos es preguntar por el remedio para curarnos, no le decimos “es tú opinión, no la mía”. Deberíamos reflexionar sobre cómo la sociedad más rica en información (me refiero lógicamente al mundo Occidental) puede pasar a la historia como la sociedad de la desinformación.

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12 Marzo 2007

Ignominia

Ignominiosa, vergonzosa, irresponsable, indigna, vil, indecente, carente de todo sentido común y atentatoria a las más mínimas normas de la convivencia pacífica, es la política que el Partido Popular (PP) ―con la interesada ayuda de El Mundo, la Asociación Víctimas del Terrorismo (AVT) y otras entidades de igual dudosa trayectoria― está llevando a cabo con motivo del atentado del 11 de marzo de 2004 en Madrid y la política antiterrorista del Gobierno. Que ETA nada tuvo que ver con la masacre lo sabe el PP tan bien como la AVT, la COPE y El Mundo. Aun así, se inventan una teoría conspiratoria entre ETA y los terroristas islámicos que sólo los imbéciles (imbécil: “alelado, poco inteligente”, Diccionario de la RAE) pueden creer y únicamente los sinvergüenzas (sinvergüenza: “el que incurre en inmoralidades o faltas de ética”, RAE) pueden sostener. Asimismo, que la prisión atenuada a De Juana Chaos no supone conmutar la pena por ningún delito de sangre, sino de opinión, lo saben igualmente. Y no dudan en falsear, de forma cínica e hipócrita, una situación tan grave como ésta, pues saben muy bien que la sensibilidad de muchos españoles está a flor de piel con el dichoso tema del terrorismo. Les da igual: a río revuelto, ganancia de pescadores.

A pesar de ello, puedo entender la actitud de los convocantes: se trata de llegar a conseguir el poder como sea, aunque ello suponga una fractura social sólo comparable a la que se dio en tiempos inmediatos a la Guerra Civil. Claro que también puedo entender el porqué del nazismo y sus barbaridades o la conducta de los sicópatas. Es decir, puedo ver qué motivos hay detrás de unos hechos, cuáles son las razones últimas que explican ―no que justifican― determinadas conductas o situaciones. Y puedo, por tanto, formarme una opinión desde la que criticar y reprobar acciones y conductas. Puedo entender de igual modo que esa política de tierra quemada sea seguida por aquellos que verían con buenos ojos la llegada de la derecha al poder. Muchos apoyaron en julio de 1936 la sublevación militar porque estaban convencidos de que era lo mejor para España. Muchos creen ahora que el PP es la solución más adecuada para este país y que hay que alcanzar el poder a toda costa.
Puedo entender todo esto, pero lo que ya me resulta más difícil es la actitud de miles de personas que acuden a los eventos que montan estos nuevos guerrilleros de la nada. Es decir, aquellos que de buena fe creen todas esas patrañas de conspiraciones, pactos con ETA y demás. ¿Cómo es posible que el barómetro de enero del Centro de Investigaciones Sociológicas refleje que nada menos que el 44,9 % de los españoles crean que el principal problema que existe actualmente en España es el terrorismo de ETA, por delante de la inmigración, el paro o la vivienda? ¿De verdad alguien puede sostener que el Estado se resquebraja porque se le concede la prisión atenuada a De Juana Chaos? ¿Que “el Gobierno se ha dejado coaccionar por un asesino y ha cedido” (Rajoy)? Me cuesta entenderlo. Pero, en fin, como dijera Einstein, “hay dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana”.

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7 Marzo 2007

Fallas: variedad, participación y buen gusto

A poco más de una semana de las Fallas, los que vivimos en Valencia llevamos ya varios días soportando numerosos inconvenientes derivados de la forma que se tiene de entender la fiesta. Ya son muchas las calles cortadas al tráfico desde el pasado fin de semana: los falleros colocan barracones en ellas y las fallas más grandes empiezan los preparativos de la plantà. El exceso de iluminación con que algunas comisiones adornan las calles causa serias molestias: nada menos que 750.000 bombillas han colocado los falleros en el barrio de Russafa, lo que ha generado las protestas, caceroladas incluidas, de los vecinos. Los ruidos a deshoras ocasionados por el abuso de la pólvora a que tan aficionados son en este pueblo (al abuso) son habituales estos fines de semana, pero a partir de la próxima serán algo cotidiano desde que a las 8 de la mañana unos cuantos falleros adultos y niños (muchos más estos últimos) comienzan el acto de la despertà: recorren diariamente las calles tirando petardos y despertando a todos. De este modo, una ciudad de 800.000 habitantes es tomada al asalto por poco más de 60.000 falleros (adultos) con el beneplácito de las autoridades locales (eso sí es populismo y no lo de Chávez). No es de extrañar, pues, que cada año aumente el número de valencianos que huyan de la ciudad esos días. Aun así, lógicamente son más los que no tienen otra alternativa que quedarse. A ellos les esperan días de fiesta como el que sigue.
A las 8 de la mañana te despiertan con petardos. Son unos minutos. Luego, los falleros marchan a desayunar, se acabó el acto. Tú decides irte a dar una vuelta, a ver los monumentos falleros del barrio. ¿No son los mismos del año pasado, o del anterior?, piensas. Siguen predominando las gordas tetudas medio desnudas y las sátiras soeces a los políticos (a los de izquierda, generalmente; las soeces). No, claro, aquellos los quemaron. Lees los carteles explicativos de qué va la falla. Los que están escritos en valenciano hieren inmediatamente la vista: pocas palabras aparecen escritas sin faltas de ortografía. Pero ¡qué más da!, son en valenciano. Ya se sabe que el mundo fallero es un gran defensor de nuestros intereses y, como quiera que a las autoridades locales se la trae al pairo el valenciano, éste hay que escribirlo así, ¡que cojones!, a ver si se van a pensar que hablamos catalán. Decides irte al centro y ver las fallas que habitualmente ganan los premios importantes, aunque en los últimos años la que consigue los mayores galardones es la de Nou Campanar, algo alejada del centro, pero en la que un constructor invierte algo así como 600.000 euros sólo en iluminación (ya sabemos que son unas fiestas de lo más populares). Por el camino te detienes en una de tantas churrerías que se instalan en la calle para probar unos tradicionales buñuelos. Acabas oliendo a aceite requeterefrito y con cierta acidez de estómago. Ves las fallas grandes y a las 14 horas asistes a la mascletà. Tienes menos de dos horas para comer, pues a las 16 empieza la Ofrenda de flores a la Mare de Déu dels Desemparats (para la mayoría de los falleros, Virgen de los Desamparados). No quieres perderte detalle, tal es la variedad de trajes, peinados, adornos, música... que caracteriza el desfile. Pero si te aburres no te preocupes: en el antiguo cauce del río Túria puedes contemplar una exhibición aerostática. Y a la 1 de la madrugada hay un castillo de fuegos artificiales. Luego a casa, que al día siguiente, a las 8 de la mañana, te despertarán los petardos otra vez. Al día siguiente el programa de actos se incrementa con propuestas tan sugerentes como un homenaje al poeta Maximiliano Thous y otro al maestro Serrano (autor del himno regional). Por fin, el día 19, llega la cremà de las fallas, y tú que te has ido a ver cómo queman la que te ha parecido más espectacular de todas te llevas la decepción de que van pasando las horas y aquello no arde. Hasta que te das cuenta de la confusión: era la falla permanente que el arquitecto-fallero Santiago Calatrava ha instalado con el nombre de Ciutat de les Arts i les Ciències.

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1 Marzo 2007

Internacional Situacionista: 50 años

Se cumplen 50 años de la fundación de la Internacional Situacionista (IS), organización cultural revolucionaria que abogaba por la fusión de lo político y lo artístico, de la vida y el arte, como condición para superar las estructuras opresivas del capitalismo que impiden el desarrollo libre de nuestra personalidad y nuestro comportamiento.

Para la IS, en la nueva sociedad del Estado de bienestar, la vida ha quedado reducida a una mera representación. El capitalismo en su fase espectacular ha convertido en representación todo lo vivido (Debord) y las condiciones que éste necesita para seguir desarrollándose impiden la realización de una vida plena y unificada. “Vivimos una crisis esencial de la historia, en la cual cada año se ve más claramente el problema de la dominación racional de las nuevas fuerzas productivas y la formación de una civilización a escala mundial”, diría Debord en 1957 en el que se considera el documento fundacional de la IS (“Informe sobre la construcción de situaciones y sobre las condiciones de la organización y la acción de la tendencia situacionista internacional”). Por ello, continúa el pensador francés, “nuestra idea central es la construcción de situaciones, es decir, la construcción concreta de ambientes momentáneos de la vida y su transformación en una calidad pasional superior. Tenemos que poner a punto una intervención ordenada sobre los factores complejos de dos grandes componentes en perpetua interacción: el marco material de la vida; los comportamientos que entraña y que lo desordenan”. La tesis central, por tanto, de que parte la IS es que la falsedad caracteriza la sociedad de consumo y convierte a la vida en mero espectáculo, en simple apariencia. Ante la falsa realidad del espectáculo reivindican el valor de la propia vida y la toma de las propias decisiones. Hay que crear situaciones nuevas que subviertan el orden establecido, que acaben con la fragmentación y la separación en esferas de la vida. Todo ello es desarrollado teóricamente en torno a tres aspectos principales: el urbanismo, el arte y la vida.

El urbanismo de posguerra se caracterizaba, a juicio de la IS, por un funcionalismo que ahogaba las capacidades creativas de las personas ―caso de las urbanizaciones autocráticas construidas en la banlieu de París y otras ciudades― al crear espacios enajenados de la vida cotidiana y separar ésta del trabajo y del entorno. Transformar el medio urbano y fomentar su libre uso es tarea indispensable para poder gozar de una vida cotidiana plena. Se impone, pues, un urbanismo unitario alternativo en oposición a los ideales productivistas y utilitaristas que representaba el urbanismo de posguerra (y que siguen caracterizando el urbanismo de hoy).

Solamente en el marco de este urbanismo unitario puede realizarse una vida plena, sólo en condiciones alejadas del consumismo, la especialización y la separación es posible la satisfacción de nuestros deseos mediante la construcción de situaciones. Puesto que todo lo “vivido directamente se aparta en una representación” y “el espectáculo en general, como inversión concreta de la vida, es el movimiento autónomo de lo no-vivientes” (Debord: La sociedad del espectáculo), el tiempo de ocio no puede ser —sí en la nueva sociedad— más que una parte más de la separación de la vida, la otra cara (amable) de la división del trabajo, pero igual de alienante que el resto de condiciones que nos impone el capitalismo. “No queremos un mundo donde la garantía de no morir de hambre se compense con la garantía de morir de aburrimiento”.

La explotación, pues, no alcanza únicamente el tiempo de trabajo, también el dedicado al ocio. Por ello, retomando las tesis anarquistas, el situacionismo considera que el arte reside, más que en las obras, en las experiencias, no las de unos hombres especiales (artistas o genios) sino las de cualquier persona. El arte es, en consecuencia, una parte más de la sociedad espectacular, que hay que superar en tanto que se trata de un aspecto más de la separación a que estamos sometidos. Si la obra de arte no se confunde con la vida no es más que espectáculo. La sociedad del espectáculo se nos muestra como una forma de libertad, la de poder disfrutar de nuestro tiempo “libre”, pero en realidad es la forma última de alineación. Disfrutamos en y con aquello de lo que únicamente somos espectadores pasivos. Nos engañamos creyendo que somos libres, aunque sea por unas horas.

Aunque la IS se autodisolvió en 1972, su lúcido análisis de la sociedad nacida del Estado de bienestar sigue siendo vigente. La sociedad es hoy más espectacular que nunca. Vivimos de imágenes más que de realidades, separamos nuestras vidas en esferas cada vez más alejadas entre sí. ¿Fracasó, pues, la IS? Puede que sí. Su protagonismo en Mayo del 68 muestra la adecuación de sus propuestas a los intereses de aquellos que habían dejado de confiar en un Estado benefactor que tenía como último objetivo la perpetuación del orden vigente. Consignas como “prohibido prohibir”, “sé realista, pide lo imposible”, “la imaginación la poder”, “la acción no debe ser una reacción, sino una creación”, se han convertido en eslóganes de camisetas y otros productos. Han acabado, pues, separadas del motivo por las que se crearon. Pura imagen, puro espectáculo. Los situacionistas es posible que confiaran demasiado en el ser humano y se olvidaran de que en la base de todo lo que, con criterio y justicia, criticaban está el propio sistema, las relaciones de producción capitalista. Sin embargo, ello no es óbice para que ahora, cuando se cumplen cincuenta años de aquella llamada a la libertad, sus tesis no caigan en el olvido y sean tenidas en cuenta por aquellos que todavía creemos que otro mundo es posible.

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14 Febrero 2007

Jóvenes y drogas

De forma regular, leemos o escuchamos noticias en que se nos informa sobre los hábitos de los jóvenes con respecto al consumo de drogas, tanto legales como ilegales. Busco en Internet y encuentro varias páginas en que se habla de ello. Entro en la primera del listado que me proporciona el buscador y que se refiere a los hábitos de los jóvenes españoles. Es de Comunidad Escolar y da la siguiente noticia: “Dos encuestas constatan el aumento del consumo de cannabis y de cocaína entre los menores de edad”. Luego, se nos informa de que éstas son la Encuesta Estatal sobre Uso de Drogas en Enseñanzas Secundarias 2004 y la Encuesta Domiciliaria sobre Abusos de Drogas 2003. Nos centraremos en la primera, pues es de la juventud de lo que quiero hablar.
La muestra incluye un total de 25.500 estudiantes y entre sus resultados destacan que los escolares comienzan a consumir drogas legales antes que las ilegales. Comienzan a fumar alrededor de los 13 años y a consumir bebidas alcohólicas cerca de los 14. Sin considerar el tabaco, la droga percibida como más accesible por los estudiantes es el alcohol, seguida del cannabis y de los tranquilizantes/pastillas para dormir. Luego se dan porcentajes y se detallan los diferentes niveles de consumo de cada sustancia.
Siempre me he preguntado cómo demonios se sabían estos datos. Quiero decir: si se trata de una actividad ilegal —y para los jóvenes lo es tanto el consumo de alcohol como el de cannabis— cómo puede saberse con tanto detalle qué y quien consume una u otra droga, y a qué edades, y dónde, y cómo. Pensaba que, a lo mejor, se basaban en datos como las cantidades de droga incautada, o las ventas de alcohol y tabaco realizadas, o los datos suministrados por especialistas en el tema, o los casos que son atendidos en los hospitales... Qué se yo! Pero no. He aquí que son los propios jóvenes los que suministran los datos. Los que confiesan ser unos delincuentes (delinquir: cometer un delito; delito: violación de la ley). No conozco caso igual. De autoinculpación, me refiero. Va y cuentan si se drogan, con quién lo hacen, cómo lo hacen, qué toman, cuando... Y me quedo perplejo, con una duda: ¿son unos inconscientes o simplemente unos gilipollas?

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14 Febrero 2007

Oleguer y la pulcra Kelme

La multinacional española Kelme ha rescindido unilateralmente el contrato de patrocinio que mantenía con el jugador del F.C. Barcelona Oleguer Presas. El motivo, el reciente artículo de éste “La bona fe”, publicado en el semanario Directa. En él hablaba de la situación jurídica de De Juana Chaos y hacía referencia al libro de David Fernández Cròniques del 6 i altres retalls de la claveguera policial, en el que se muestran algunos ejemplos de otros casos en los que la justicia, en parecidas circunstancias, ha sido más benévola a pesar de la gravedad de los delitos, a mi parecer de mayor trascendencia y alcance que los artículos de De Juana. Al fin y al cabo, sólo es letra impresa. En cambio, el general Rodríguez Galindo cumplió poco más de cuatro años de cárcel, de los setenta y cinco a que había sido condenado por el asesinato de Lasa y Zabala, por problemas de salud; Julen Elorriaga, condenado a ochenta años de cárcel por los mismos hechos, sólo un 3% de la pena, también por motivos de salud; el financiero De la Rosa consiguió el régimen de tercer grado por depresión... En fin, decía Oleguer, siempre refiriéndose al libro de Fernández, “la justicia muestra diferentes grados de severidad según el acusado”. Y tiene razón: si se fuera tan benevolente con los presos deprimidos o con mala salud, estoy seguro de que las cárceles españolas quedarían medio vacías. Pero, al tiempo, mostraba su confianza en la buena fe del Estado de derecho y quería pensar que éste “no ha dejado de confiar en sus leyes y sigue sin querer aplicar la cadena perpetua o la pena de muerte” o que “el contenido de los artículos que ha publicado De Juana Chaos es lo suficientemente explícito para mantener en la cárcel a una persona en riesgo de morir”.
Que la pena impuesta a De Juana Chaos era difícilmente sostenible desde el punto de vista jurídico, que la severidad de la condena estaba en estrecha relación con lo que representaba el acusado y que era una barbaridad, no ha sido Oleguer únicamente quien lo ha dicho. En todo caso, sólo muestra que el futbolista tiene mucho sentido común. Como al final también lo ha tenido el Tribunal Supremo al rebajar la pena a 3 años (que siguen siendo muchos por un par de artículos). Por otra parte, Oleguer es libre de decir lo que quiera. Claro que también Kelme lo es de patrocinar a quien le de la gana. Pero tal actitud es difícil de entender desde el sentido común, como también lo son determinadas manifestaciones que oímos todos los días. Creo que aquí se están confundiendo varias cosas. Si alguien es condenado por un delito ha de salir de la cárcel en cuanto cumpla la pena impuesta. Haya hecho lo que haya hecho. Si no, ¿para qué sirven las leyes? Y si las leyes resultan ser ineficaces en determinadas situaciones, se modifican siguiendo los cauces establecidos. Lo demás son meras componendas que, a la larga, pueden resultar sumamente peligrosas. Si uno no puede ser libre de opinar lo que le venga en gana, flaco favor le hacemos a la libertad de expresión. A finales del siglo XIX comenzó a proliferar la prensa obrera, y en sus páginas se publicaban artículos y se vertían opiniones atacando el capital, la burguesía e incluso el Estado, de mucha mayor “dureza” que los que ahora estamos comentando. Y nadie presumía tanto como ahora de que la libertad de expresión era un derecho de todo ciudadano.
Han molestado las palabras de Oleguer. No creo que por considerarlas impropias de un futbolista. No es el único que se ha pronunciado sobre preocupantes temas de actualidad. Thuram, por ejemplo, otro jugador del Barça, se solidarizó con la juventud desasistida y olvidada de Francia cuando en 2005 la violencia callejera se adueñó de los suburbios de París y otras capitales francesas. “Crecí en los suburbios y me siento muy cercano a estos jóvenes. La situación me pone enfermo. Nadie está haciendo las preguntas adecuadas. Nadie está tratando de ver los problemas reales. (…) Están tratando de convencer a la gente de que esas personas no son nada más que alborotadores, lo que no es verdad”, dijo entonces. Y nadie le acusó de ser cómplice de los que incendiaban coches, ni de justificar la violencia, ni de nada por el estilo. ¿Por qué ese trato a Oleguer? Bueno, que se lo pregunten a Kelme. Y de paso que le pregunten también como esa actitud de parecer querer estar por encima del bien y del mal es compatible con su expansión en el Sudeste asiático, donde varias fábricas trabajan ─en condiciones laborales rayanas con el esclavismo y abundante mano de obra infantil─ para la multinacional española. Entre estas fábricas estaba la empresa Shan Knitting and Processing Mill, en la que, el 22 de enero de 2005, 22 trabajadoras perdieron la vida y más de 50 resultaron heridas en un incendio que se declaró durante la noche. Las puertas de la fábrica estaban cerradas.

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5 Febrero 2007

China blue

China blue es el título de un documental que emitió Canal 33 el sábado por la noche. Jasmine y Orchid son dos adolescentes que, como tantos otros, se ven abocados a vivir el mundo de los adultos antes de tiempo por el simple hecho de haber nacido en regiones empobrecidas y tratar, así, de evitar ―lo que no significa conseguir― formar parte de esa lista anónima que integran los 30.000 niños que mueren cada día a causa de la extrema pobreza. No son una excepción. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT) “en 2004 había aproximadamente 317 millones de niños económicamente activos de 5 a 17 años de edad, 218 millones de los cuales podrían considerarse niños trabajadores. De estos últimos, 126 millones realizaban trabajos peligrosos. Las cifras correspondientes al grupo de edad más limitado de 5 a 14 años eran de 191 millones en el caso de los niños económicamente activos, de 166 millones en el de los niños trabajadores, y de 74 millones el de los que se dedicaban a trabajos peligrosos”. (La eliminación del trabajo infantil: un objetivo a nuestro alcance, Conferencia Internacional del Trabajo, 95ª reunión, 2006, www.ilo.org/declaration).
Jasmine y Orchid han de abandonar sus familias para ir a trabajar a una fábrica textil, de pantalones vaqueros en este caso, proveedora de grandes firmas mundiales, como Levy’s. Allí han de realizar jornadas laborales que pueden llegar hasta las 24 horas seguidas si la producción lo demanda. Para que el sueño no las venza ―pues si se quedan dormidas en el trabajo las multan― las trabajadoras llegan incluso a colocarse pinzas de tender la ropa en los párpados. El documental muestra como una encargada, entre risas, enseña cómo se hace. Por supuesto, carecen de derechos laborales ―las pocas inspecciones que se hacen a estas fábricas nunca llegan a buen puerto, pues los dueños son avisados antes e “instruyen” a las trabajadoras sobre lo que han de decir―, los exiguos jornales están en función de la demanda, duermen en la misma fábrica ―en jergones, en una sala común―, comen también allí mismo ―por supuesto, la comida se les descuenta del sueldo (eso sí, entran a trabajar a las 7 de la mañana y si a partir de las 12 de la noche han de continuar la jornada la empresa les ofrece, ¡gratuitamente¡, una sopa o algo parecido) y sólo tienen tiempo de salir un rato si desciende la producción. También vimos al señor Lan, el propietario de la fábrica, que calcula que los beneficios económicos del pedido que en esos momentos atiende es de 31.000 dólares diarios, y cómo delegaciones de empresas occidentales fuerzan unos precios extremadamente bajos y unos plazos de entrega más que ajustados que obligan a reducir lo que se paga por pantalón, pues así cobran, a tanto por pieza. Jasmine es repasadora y el documental dura 54 minutos, al término de los cuales nos informa que en ese tiempo Jasmine ha conseguido repasar 35 pantalones, por lo que ha ganado 74 céntimos de euro. Jasmine se pregunta quién se pondrá aquellos pantalones y si sabrá quién los ha hecho y cómo. Me temo que sí, se sabe, lo sabemos, los individuos, las empresas, los organismos financieros, los gobiernos e instituciones públicas, pero basta con no mirar la etiqueta, pues lo que Jasmine no sabe es que aquí, en Occidente, justo el día antes de emitirse el reportaje, ya habíamos hecho la buena acción de la semana: un apagón de cinco de minutos por el cambio climático. Eso sí, de 19,55 a 20 horas, no sea que vayamos a entorpecer la productividad.

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Historiador. Ha dirigido el Servicio de Publicaciones de la Diputación de València y el Centre d’Estudis d’Història Local. En la actualidad es técnico del Servei d’Investigacions Etnològiques y de les Cultures Tradicionals de la Diputación de València y profesor del Departamento de Historia del Arte de la Universitat de València. Ha publicado, entre otras, las obras "Lucha de clases e industrialización", "Els moviments socials al País Valencià" e "Historia fotográfica del socialismo español", y ha dirigido las obras "Historia del pueblo valenciano", "Diccionario Històrico de la Comunidad Valenciana", "52 fines de semana. Rincones de la Comunidad Valenciana" y "Gran Enciclopedia de la Comunidad Valenciana". Especialista en arqueología industrial, es autor de "Arqueología industrial de Alcoi" y "Enciclopedia Valenciana de Arqueología Industrial", además de otras obras de carácter colectivo. Ha dirigido diversas prospecciones y excavaciones arqueológico-industriales y ha sido miembro fundador y presidente de la Associació Valenciana d’Arquelogia Industrial.

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